27 marzo 2011

Este sí es el soundtrack de mi vida.

Es hora de dejar esos soundtracks de John Williams o de Philip Glass de lado. Venga, chica, arrójalos por la ventana. Préndeles fuego. Baila tap sobre esos discos. O regálalos a quien menos quieras. Pero no los pongas más.

No pongas esa cara. Soy un cinéfilo salvaje. Soy un monstruo de Ishirô Honda que devora filmes, un Morlock que sólo quiere consumir sonidos estridentes e imágenes en movimiento. Dame trivia, dame cine, dame MÚSICA POP.

Quema esos discos de Hans Zimmer. Escuchemos diez de mis soundtracks favoritos. Al terminar, la Bridget Jones que vive encerrada en ti estará convertida en una Meiko Kaji mortal: mira y mata, mira y mata. Abre oídos.

Domenico Scarlatti: Bête, La (La Bestia, 1975). La película es una maldita obra maestra del genio Walerian Borowczyk: el filme de época más perverso y perturbador, ever. La historia de amor y sexo entre una mujer y una bestia no sólo está narrada con la perfecta cámara del polaco, sino con un impresionante uso de la música barroca de Giuseppe Domenico Scarlatti (1685-1757): un clavicémbalo insistente, lascivo, virtuoso. Acciaccaturas imposibles, sonidos tan puros y tan inquietantes como en ninguna otra película. La película no es apta para estómagos débiles ni ojos frágiles; la banda sonora es para oídos que saben lo que quieren. La belleza. Y la bestia. Cinco estrellas. #

Akira Ifukube: Gojira (Godzilla, 1954). Compositor autodidacta, talento inigualable, Akira Ifukube (1914-2006) es uno de los indiscutibles en cuanto a bandas sonoras japonesas. La productora Toho le contrató para una de las series más icónicas de monstruos del inigualable Ishirô Honda: Gojira (o Godzilla, para los occidentales), que además de sci-fi grandioso eran un inteligente alegato contra la guerra atómica. A Ifukube le habría gustado que le recordásemos como compositor para orquesta sinfónica, pero es que esos acordes con los que abre Gojira son tan representativos del tokusatsu (sci-fi) y del daikaiju (cine de creaturas) como el monstruo mismo. Agreguemos que el mismo Ifukube creó el rugido de Gojira frotando un guante de cuero contra las cuerdas de un contrabajo. Maestro. #

Varios: The Harder They Come (Caiga Quien Caiga, 1973). Algunos insisten en que este fue el filme que puso al reggae en el mapa mundial, sacándole del underground y colocándolo como La Próxima Cosa Grande. Lo cierto es que esta música ya tenía algunos años sonando en Inglaterra entre skinheads y entendidos, pero la película de Perry Henzell, estelarizada por la superestrella jamaicana Jimmy Cliff, recordó las raíces de la música que sustituyó al jazz como la música cool de los bohemios y hipsters. La historia de un aspirante a músico arrojado a la vida criminal por necesidad fue cantada por la crema del reggae de la época (67-72): The Maytals, The Melodians, The Slickers, Desmond Dekker, Derrick Harriot, Scotty. Island Records lanzó el disco y fue un éxito gigantesco. Un clásico por donde se le vea. # #

George Gershwin: Manhattan (1979) Woody Allen, Nueva York y jazz resultan hasta redundantes acomodados así, en una sola frase. La extensa carrera del judío que todos amamos está llena de colosales momentos musicales: música a lo Nueva Orleans, días de radio, Django Reinhardt, memorias de polvo de estrellas. Pero, sin duda, una de las escenas definitorias del cine como arte y como emoción y como vida es la secuencia inicial de Manhattan. Y no sería lo mismo sin la majestuosa Rapsodia en Azul de George Gershwin resonando, rompiendo todo a su paso. Toda una declaración de intenciones. El cine se mide antes y después de Woody y Gershwin. La pieza, compuesta en 1924, fue un experimento en música moderna (así lo definió su señero compositor) y se convirtió, al instante, en música clásica. No vale la pena vivir sin haberse emocionado con la Rapsodia en Azul. No lo vale. Como tampoco lo vale si se ha dejado pasar Manhattan, la Gran Película del XX. #

Goblin (con Giorgio Gaslini): Profondo Rosso (Rojo Profundo, 1975) El rock progresivo no hace nada por mí. Absolutamente nada. O tal vez sí: en algunos casos me marea y me hace sentir mal, debo correr al lavabo y jurar sobre todos mis muertos que jamás escucharé algo así. Así que resulta sorprendente que esta lista incluya a Goblin, un grupo progresivo (¡¡!!) italiano (¡¡!!) que, empero, hicieron música notable para varias geniales películas (entre ellas Buio Omega, una favorita personal), sobre todo del sensacional Dario Argento. No puede negarse que Profondo Rosso es brutal, maravillosa, y la banda sonora ayuda mucho, resaltando aquí y allá la intriga y el horror de uno de los gialli más reconocidos. Sintetizadores moog, melotrones, guitarras con distorsión, baterías aceleradas, instrumentos extravagantes y una gran sección de cuerdas (cortesía de Giorgio Gaslini), hacen un soundtrack de terror atípico pero inolvidable. ¡A por él! # #

Varios: Rushmore (1998) Una película cuya secuencia de créditos iniciales va acompañada de Making Time de The Creation es ya una ganadora, así trate de saltamontes autistas. Segundo largometraje del universo Wes Anderson (y con un inspiradísimo Bill Murray liderando el cast), es una obra anorak para anoraks. Una gran historia que avanza a un bellísimo e inevitable desenlace entre canciones de The Kinks (Nothing In This World…), Chad & Jeremy (A Summer Song), Unit 4+2 (Concrete and Clay), The Who (A Quick One…), Cat Stevens pre-Islam (Here Comes My Baby), Yves Montand (Rue St. Vincent), The Faces (Ooh La La), Donovan (Jersey Thursday), los Stones (I Am Waiting) y hasta el lado más juguetón y divertido del casi siempre insufrible Lennon post-Beatles (Oh Yoko). No hay manera de fallar. Por ahí hay piezas de Vince Guaraldi, Django Reinhardt y Paul Desmond que, por supuesto, son una gozada. Una película de justificado culto. # # #

Curtis Mayfield: Superfly (1972) El blaxploitation cinema fue transgresor en casi todos los sentidos: era un cine violento, sexual, anti-establishment y negro. Uno de sus personajes ícono, Superfly, nació en una época feroz bajo la lente del agudo Gordon Parks Jr. Un dealer negro que quiere dejar su sórdida vida atrás y comenzar de nuevo fue el pretexto para crear un héroe del cine moderno y, además, dar al mundo uno de los mejores soundtracks de la historia de la humanidad: Curtis Mayfield, cuyo nombre puede mover montañas, compuso una serie de canciones increíbles sobre nuestro hombre y nuestro mundo. Elocuente as hell, sincero y funky, Mayfield nos regaló clásicos como Superfly, Freddie’s Dead o Pusherman. Podrás dejar pasar la película, pero la música, nunca. Un disco a la altura del What’s Going On de Marvin Gaye, el mejor disco que ha hecho hombre alguno. Ya dije. # #

Varios: Urgh! A Music War (1981) Está bien, admito que con este estoy haciendo trampa, pero no puede dejarse fuera. Más que una película formal, Urgh! es un documental de Derek Burbidge acerca de los grupos más ruidosos, extravagantes y geniales del post-punk y la new wave. Grabado en concierto en Londres, Nueva York, Elei, y prácticamente en cualquier gig en el que el equipo de grabación pudiese entrar, es un documento imprescindible para cualquier fan de la música de guitarras. Ahí están The Police, por supuesto, pues ellos financiaron el proyecto, pero son claramente opacados por grupazos y genios como The Cramps, Magazine, Pere Ubu, Klaus Nomi, Echo & The Bunnymen, The Fleshtones, XTC, The Go Go’s, Gary Numan, OMD, Chelsea, Wall of Voodoo, Au Pairs, Surf Punks, Steel Pulse, Devo, X, Gang of Four, Athletico Spizz 80, Jools Holland, John Cooper Clarke, Oingo Boingo, la ridícula Toyah Wilcox, The Members, 999, Splodgenessabounds, UB40, The Alley Cats, John Otway y hasta una rareza, Invisible Sex. Si después de esta lista de nombres no corres a por ella, no sé de qué te tratas. # # # #

Manfred Hübler y Siegfried Schwab: Vampyros Lesbos (1971) Las cintas de Jesús Franco o las amas o las odias. Yo soy de los que prefieren hacer lo primero. Este pervertido español que asegura ser la inspiración para el personaje de Yoda en Star Wars y que presume de un currículum de más de cien estilizadísimas películas de explotación (vampiros, zombies, strippers, prostitutas, adictos y toda clase de corrompidos) es un geniecillo que logró un exitazo con Vampyros Lesbos, sugerente película sobre, claro, vampiras lesbianas. La banda sonora de Hübler y Schwab, una especie de uneasy listening, lounge de castillo transilvano, hip y muy sexy, patea traseros a diestra y siniestra. Tan clásico, funky, depravado y contagioso como la película. Soledad Miranda, princesa europea de los skin flicks, nunca estuvo mejor. # # # #

Varios: Wild Style (1983) Fue la primera película hip-hop y es un clásico underground. De argumento tiene poco y más bien es pretexto para mostrar al mundo de qué se trataba esta música tan nueva y excitante, de su ropa, su lenguaje, sus calles y los cuatro pilares de la Comunidad: el breaking, las rimas, las tornamesas y el graffiti. Es increíble. Sobra decir que la banda sonora es esencial. Ahí va otra gran lista: Grandmaster Flash, Fab 5 Freddy, The Cold Crush Brothers, The Rock Steady Crew, Fantastic Freaks, DJ Grand Wizard Theodore, Rammellzee, Shock Dell, Busy Bee, Rodney Cee. Como para caer fulminado. Es una Biblia para muchos y si enlistara a todos los artistas que admiten su influencia, no acabaríamos nunca. Por eso, mejor tira esos discos de John Williams y escuchemos estos diez. Mis diez, por ahora. Ya luego te presentaré los otros diez. O veinte. Vale la pena. # # #

-Esteban Cisneros.


*Texto publicado originalmente en El Heraldo de León, viernes 14 de enero de 2011.

20 marzo 2011

Jazz on a Summer's Day.



Jazz on a Summer's Day (1960) es un pedazo de historia en cine. Filmado y dirigido por Bert Stern, uno de los fotógrafos más importantes del XX (entre sus modelos han estado Marilyn Monroe, Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor y Sue Lyon haciendo de Lolita), es un documental sobre el Festival de Jazz de Newport en Rhode Island de 1958. El filme usa pietaje de la ciudad de Newport, de la competencia de yates por la American Cup y, por supuesto, de las actuaciones de gigantes como Jimmy Giuffre, Thelonious Monk, Sonny Stitt y Sal Salvador, Anita O'Day, George Shearing, Dinah Washington, Gerry Mulligan, Big Maybelle, Chuck Berry, Chico Hamilton, Louis Armstrong, Jack Teagarden y Mahalia Jackson.

Stern y Aram Aviakan (co-director) filmaron simultáneamente con 5 cámaras distintas a todo color. El jazz no es siempre en blanco y negro. Disfrutad.

14 marzo 2011

I Can't Don't Want To Faster! Entrevista a Bart Mendoza*.

Bart Mendoza nació en San Diego, California, un 5 de septiembre de 1962. Vaya año para nacer: uno lleno de mitos del Mundo Moderno. En 1981, fundó el grupo de mod revival Manual Scan, toda una leyenda. Tras la desbandada, en 1991 comenzó con un nuevo proyecto vital, The Shambles, en la misma vena melódica que siempre le ha caracterizado. Desde entonces, sus colaboraciones a La Música no han parado: periodista musical, productor, recopilador, cabeza de un sello discográfico y, por supuesto, cantante y guitarrista poseedor de un sonido único.

Hemos escuchado historias pero, ¿cómo era San Diego en los ochenta, cuando Manual Scan y The Tall Tale Hearts estaban por convertirse en La Próxima Cosa Grande?
En ese tiempo se trataba sólo de vivir. Mirando atrás, fueron días increíbles. Parecía haber mucha más libertad que ahora. La escena moderna estaba siendo apenas forjada. Aunque ninguna de las bandas lo hizo tan en grande, se hizo un montón de música genial y los músicos eran de algún modo notorios a nivel nacional. Ahí estaban The Tell Tale Hearts en la revista People y Manual Scan en el soundtrack de A Girl To Kill For. Cuando organizamos el New Sounds Festival se congregaron tantos grupos y tantas personas de fuera de San Diego que realmente fue el punto central de la escena Sixties en EEUU por algún tiempo. He archivado una buena cantidad de objetos de aquella época y es interesante ver cuánta cobertura mediática tuvieron las bandas y también la Escena – ese apoyo, de periódicos locales, TV y radio probablemente explique lo grande que fue.

El New Sounds congregaba cientos de personas. San Diego tenía un increíble montón de gente y de bandas concentradas en un área y con los gigs, esto creció. Tengo una foto en algún lugar que retrata a una multitud en un concierto. En primer plano está Jeff Conolly de las leyendas de Boston, Lyres. Moviéndose a la derecha es un miembro de la sensación del medio-oeste The Untamed Youth. En el fondo, estoy hablando con Carl Rusk de los Nashville Ramblers. Estábamos esperando a que se reanudara el evento. Así era ese lugar. Fiestas, gigs, fue realmente impresionante.

¿Qué es lo que más se extraña de esos días?
Sí me da por mirar atrás de vez en cuando, particularmente en honor a amigos que ya se han ido. Pero siempre es divertido pensar en cuando eras joven y despreocupado, aunque ahora estoy, por lo general, inten-tando escuchar mucha más nueva música, incluso si es en reediciones. Dicho eso, lo que probablemente extraño más es ir de gira. Aún me sorprende haber sobrevivido a algunas de nuestras aventuras. Lo pasa-mos muy bien y tuvimos road managers geniales, como Mike Rice y luego Josh Entreken.

Has producido montones de bandas y de discos recopilados con nuevos artistas de San Diego, algunos notables. Incluso tienes un sello independiente, Blindspot Records. ¿A quién nos aconsejas seguir ciegamente? ¿Quién es la Próxima Cosa Grande?
Hay tanta música sonando en estos días que resulta difícil seguirle la pista a todo, pero nuevos grupos que me emocionan incluyen a grupos de San Diego como The Modlins, Power Chords, Echo Revolution, Lady Dottie & The Diamonds y The Creepy Creeps, y algunos nacionales como The Ugly Beats, The Lola’s y New Fidelity. Pero, probablemente, mi canción y mi video favoritos de los últimos años es Cruel Girl de The Red Button.

Debieron ser cientos pero, ¿podrías contarnos un momento gigantesco de la época de Manual Scan?
Tienes razón, fueron muchísimos momentos, pero uno que nunca voy a olvidar es haber tocado en el Marquee, en Londres. Aunque fue una edición tardía del lugar, fue una emoción gigantesca ir hacia el escenario desde nuestro camerino. Debo decir que palomear en directo con The Plimsouls (¡dos veces!) queda muy arriba en la lista, también. El show más salvaje fue posiblemente en Tijuana con The Untouchables.

Eres también escritor. De tu pluma han salido varias biografías, liner notes para discos y artículos de rock and roll. ¿Cómo describirías el sonido de The Shambles en cinco líneas?
Long running.
Guitar oriented.
Sixties and seventies influenced.
Melodically inclined.
Ongoing.

¿Qué te atrajo del Mundo Moderno?
Comencé a vestirme como un modernista por una fascinación adolescente, a mediados de los 70, por The Zombies. Un vecino me prestó un par de sus álbumes y no solo me enamoré totalmente de su música, también de su look, particularmente el de Paul Atkinson. Después, claro, me perdí en el look y el transporte de los Mods. Fui director de programación de la radio estudiantil en la high school y recibía discos promocionales de singles del primer disco de The Jam, que luego versionamos en ensayos. Así como amaba los sonidos mods vintage, descubrí que los grupos contemporáneos de mod, garage y powerpop eran realmente excitantes. Durante esos años vivíamos para ver a 20/20, The Plimsouls, The Knack, Paul Collins Beat, The Crawdaddys y luego a grupos como The Bangs, Untouchables, Three O’Clock, Question…

¿Vinilo, CD o mp3?
Vinilo, por supuesto, es mi favorito - es como la música fue hecha para escucharse. Con todo, me gustan los CD’s por conveniencia, duración y por todas esas bonus tracks en las reediciones. Y, lo siento, pero los mp3 no suenan nada bien.

¿Cuál es tu bebida?
Ya no bebo, pero en mis días una Guinness Black & Tan o una Watneys funcionaban cada vez. Ya no bebo cafeína tampoco, pues soy un insomne masivo e irredento y no dormiría absolutamente nada.

¿Vespa o Lambretta?
Sólo Vespa, vintage. Nunca he conducido un auto (bueno, una vez, por apenas una milla o algo así, en una apuesta) pero con una scooter cosas como ser capaz de obtener partes aquí y allá y la facilidad del servicio son importantes. He tenido dos, ambas 1979 P-200’s. La primera –que era azul– fue destruida hace trece años al golpearme un auto. Mi modelo plateado actual es mi medio de transporte diario, incluso a los gigs si no necesito llevar amplificadores.

¿John Lennon o Paul McCartney?
Sin duda Paul. En los Beatles los considero iguales, pero entre 1970-1979, Paul tuvo una racha de una gran canción tras otra, mientras que John hizo álbumes como Sometime In New York City

¿Stax o Motown?
Amo ambas, pero para bailar tiene qué ser Stax. Hay más rudeza y energía en muchísimas de sus canciones. Dicho eso, no bailo ya mucho, por el incidente de la Vespa.

¿Qué actor famoso está mejor calificado para interpretar a Bart Mendoza en una biopic?
Esa es difícil. Sería más sencillo resucitarme.

¿Cuál fue la última película no-musical que te estremeció?
No veo realmente muchas películas que no traten sobre música. No recuerdo la última que vi, pero han pasado años. Estoy tan envuelto en música que no tengo tiempo para otra cosa. Si no estoy en un estudio, estoy en un show, o trabajando en una historia. Eso me consume cada hora.

¿Tienes algún placer musical culposo?
Soy gran fanático del Pop, sobre todo en 7”, así que básicamente adoro una tonada pop bien hecha, no importa de quien sea. Cosas como Girl de The Osmonds, Get Down de Gilbert Sullivan o (Anthony’s Song) Movin’ Out de Billy Joel son grandes canciones, si debo nombrar tres…


Eres fanático de Cri-Cri. ¿Cuál es su canción que más te gusta?
¡Fácil! El Ratón Vaquero. No estoy seguro por qué, pero las primeras líneas de la canción se han quedado conmigo durante toda mi vida. Una copia de sus álbumes es una de mis posesiones más preciadas. Me gustaría versionar alguna de sus canciones. Algún día…

Has trabajado en tiendas de discos, eres músico y un obsesivo nerd musical (todas, cosas que admiramos), así que las siguientes tendrían que hacerte sufrir… ¿Podrías nombrarnos 10 discos? Tu All Time Top-10.
De hecho, hay tantos favoritos que cambian día a día, pero ahí van unos pocos que influenciaron tremendamente a mi música y que siempre menciono de uno y otro modo en las listas que armo:
*The Action, The Ultimate
*Big Star, #1 Record
*Los Brincos, Contrabando
*The Jam, Sound Affects
*Jellyfish, Spilt Milk
*The Lola’s, Ballerina Breakout
*Emitt Rhodes, Emitt Rhodes
*Velvet Underground, Velvet Underground & Nico
*Wire, Chairs Missing
*Yes, Fragile
*The Zombies, Featuring She’s Not There

¿Y diez singles?
Mismo problema, misma respuesta:
*Cilla Black, It’s For You
*The Hitmakers, Grow Up With Me (EP)
*Hoodoo Gurus, Like Wow / Wipe Out
*The Kinks, Deadend Street
*Gilbert O’Sullivan, Get Down
*The Penetrators, Untamed Youth
*The Plimsouls, Now
*The Rain Parade, What’s She’s Done To Your Mind
*Scarlet Party, 101 Damn Nations
*Superdrag, Keep it Close To Me
*The Sweet, Action
*Swingout Sister, Break Out
*The Times, There’s A Cloud Over Liverpool
*Wings, Jet

¿Cuál es la joya de tu colección?
Posiblemente un álbum de The Scottsville Squirrel Barkers, un disco bluegrass que incluye a un joven Chris Hillman. Pero hay otros contendientes fuertes… Tengo numerosos acetatos y test pressings, así como cosas que no son necesariamente valiosas, pero sí imposiblemente raras…

¿Cuál es el disco que sigues buscando y no has encontrado?
Honestamente, no busco cosas per se. Ya tengo una colección gigante (tres habitaciones de música y memorabilia en mi despacho/almacén) así que en este punto ya es más lo que me topo que lo que me interesa. Escucho de todo de clásica a pop (de Samuel Barber a Steely Dan) pero colecciono ávidamente grupos mod/garage y singles 7” de powerpop, especialmente grupos nuevos, pues son más difíciles de encontrar hoy día. También, si un disco es de San Diego, necesito una copia en mi colección, sin importar qué tipo de música es.

¿Tienes alguna portada favorita?
No precisamente. Pero me gustan las que son mucho más que una pose, como las que han diseñado los de Hipgnosis o las que hizo Klaus Voorman. Cualquier cosa con imaginería de Henry Diltz o Ethan Russell es sorprendente. Por otra parte, soy un gran fan de Roger Dean.


*Publicado originalmente en La Trampa del Bulevar #2, fanzine en papel. Noviembre de 2010. Entrevista por Esteban Cisneros.

07 enero 2011

Nancy Dupree: A la maestra con cariño.

La educación es un tema controvertido, siempre. Por un lado, el sistema esco-lástico sigue topándose con un cul de sac inevitable; por otro, es evidentemente una necesidad ya no para el progreso de una socie-dad, sino para la super-vivencia de la misma. Así de mal estamos.

Nancy Dupree fue una educadora afroamericana, nacida alrededor de 1936, en el Sur de los Estados Unidos. Desde niña descubrió que lo que iba con ella era aprender. Leer. Devorar cualquier cosa impresa, buena o mala, para acumular, asimilar y ser. Escribía, también. Escuchaba, veía. Hablaba. Tenía una necesidad casi fisiológica de literatura, de poesía, de gran música. Los conflictos raciales del norte influyeron, por supuesto, en estas ansias de entenderlo todo.

En 1964 decidió mudarse al norte, a Rochester, Nueva York. Lo que encontró allí distaba del ideal tolerante de up there que se tenía down south: había también violencia, racismo y saqueos. La Escuela Pública No. 4 de Rochester vivía en este ambiente cuando Nancy Dupree entró como maestra de música. Y ahí comenzó una de las historias más fascinantes.

Miss Dupree, una alienígena en un sistema dominado por los blancos, se convirtió en una de esas cosas que hacen BUM que hacen falta para destrozar la ignorancia y los prejuicios. No sólo enseñaba música en la manera ortodoxa, do-re-mi, sino lo que se podía hacer con la música como medio perfecto. Un arma perfecta, cuando se usa sabiamente.

Comenzó a enseñar historia, y canción, desde la perspectiva negra: Luther King, Malcolm X, Cassius Clay, Nina Simone, James Brown, Leontyne Price, Ella Fitzgerald, Odetta. Enseñó solfeo, pero también poesía. Logró que el coro de la escuela cantase a tono, pero sobre todo, logró que cantasen de cosas importantes.

Sus alumnos no sólo aprendieron a cantar el Mary Had A Little Lamb, sino que escribieron sus propias canciones. No importaba que fuesen en una escala simple, con tres acordes, ni que la cantaran con la voz quebrada, mientras dijesen cosas suyas y de nadie más. Nada de tópicos gastados, ni de más historias del hermano oso, ni canciones infantiles. Esto iba en serio. Cuando el lugar común dice que hay que educar mentes y almas porque en la juventud está el futuro, se refiere a esto. No a las hipocresías de siempre.

Así, Dupree juntó un puñado de canciones escritas y cantadas por su grupo en la Escuela No. 4, entre las calles Gennessee y Jefferson de Rochester, con Dupree al piano. Los jóvenes cantaban sobre sus cosas, no las impuestas por el mundo adulto: sus preocupaciones, sus dudas, sus héroes, sus preguntas y sus derechos. Todo sin dar un solo grito, ni infringir castigo alguno. Todo hecho con pura convicción, honestidad y música.

Surgió la idea de grabar estas canciones, que no gustó mucho al director del instituto. Lo que hacía Miss Dupree no gustaba mucho al consejo, ni a los otros maestros. Era demasiado directa, demasiado segura de sí, hablaba claro. Los niños le querían. Su afro y sus tacones altos, además, parecían encarnar ese grito de say it loud, I’m black and I’m proud. Pero ella persistió. Envió una demo de las grabaciones a algunas disqueras locales, que la rechazaron. ¿Qué clase de éxito podía tener una grabación así?

Por fortuna, existía Folkways, un sello neoyorquino fundado en 1948, cuya misión era difundir música folk, grabaciones infantiles y world music difícil de encontrar. Puede atribuirse al sello que el folk a lo Leadbelly o Pete Seeger se haya popularizado de tal manera a inicios de los 60 en la Costa Este. Miss Dupree logró, en su muy peculiar manera, que el disco de sus muchachos se publicara.

Ghetto Reality (Folkways, 1970) fue no sólo evidencia de lo hecho por una maestro decidida, con criterio, y sus alumnos bajo su influencia; también es un disco importante e histórico aunque, por supuesto, nada popular. El título, elocuente y sincero, es todo lo que incluye el disco: realidad. Hay canciones sobre el impacto de Luther King (y de su asesinato), sobre James Brown (un épico himno que incluye a los chavales gruñendo a lo Rey del Soul), sobre lo que quieren para Navidad (juguetes y libertad ya, freedom now) y un himno llamado What Do I Have en la que se expresa, con todas sus letras, el orgullo negro que Miss Dupree les inculcó.

Hoy día encontrar un disco original es casi imposible. Una joya. Sin embargo, es posible comprarlo en CD en el sitio de Folkways (que en los 80 fue adquirido por el Smithsonian.) Y posiblemente sea sensato hacerlo. Créame.

Tras el disco y después de varios años de revolución, Miss Dupree fue despedida de la escuela. Una tragedia. Siguió, con todo, imparable. Se convirtió en activista. Se dice que se unió a las Panteras Negras. Recitó y escribió poesía. La grabó. Se convirtió en uno de esos personajes anónimos que, no obstante, influyeron en cualquier persona que conoció. Y en 1980, murió de leucemia. Ninguno de sus familiares supo que estaba enferma hasta que fue muy tarde. Ella nunca les habló de eso.

Miss Dupree, aún ahora, sigue siendo un ícono para quienes la conocieron, que fueron pocos, y un misterio para otros pocos que han sabido de su existencia gracias a fanáticos, obsesivos y arqueólogos del sonido y de la historia moderna. Pero tal vez estas historias deberían de difundirse más. Porque necesitamos gente así en un mundo como este.

To lady, with love. Por su filosofía, su lust for life, su música y por las vidas que moldeó. Una para usted, señorita Dupree.

Gracias especiales a Michael R. Neault y a Dante Soulcialista por las primeras nociones de Miss Dupree: el primero, por su artículo en la revista Yeti –sensacional– que inspiró al segundo a hablarnos de ella.

-Esteban Cisneros


*Texto publicado originalmente en El Heraldo de León, viernes 22 de octubre de 2010.

21 diciembre 2010

Descarga: La Trampa del Bulevar, fanzine, No. 2.

La Trampa del Bulevar, fanzine, No. 2, ya está disponible también en descarga digital en .pdf, para que no te la pierdas. Y así, haz las copias que sea necesarias para que circule.

El tercer issue (que el primero fue el No. 0) del fanzine que lo vale contiene textos, además del crew habitual, de Javier Morales (Ecos de Sociedad) con un capítulo inédito de la novela En el Sol; Miqui Puig, que escribe sobre zapatos, una obsesión incurable; Dante Soulcialista, que nos advierte People Get Ready; Andrés Baldíos, que recupera la tremenda historia de Sacco y Vanzetti desde su autoexilio en Pepperland; y Eduardo Delgado, con un sentido y rabiosamente personal homenaje a esos good old days llenos de ska y cerveza.

En breve tendremos, también, más copias en papel y puedes pedirlas en el correo electrónico
latrampadelbulevar@gmail.com.


Descarga La Trampa del Bulevar No. 2 (.pdf) haciendo
clic acá.

29 noviembre 2010

Play: Synthetic Pleasures, Jeux Interdits and Pop Aesthetics.

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La Trampa del Bulevar presenta
Play: Synthetic Pleasures, Jeux Interdits and Pop Aesthetics (LTdB 002)

Segundo acoplado de la Trampa del Bulevar, siguiendo fieles a la idea de empaquetar obsesiones, hacer collages sonoros como cuadernos de recortes de quinceañera, como instalaciones dadaístas, como mapas para perderse. Play: Synthetic Pleasures, Jeux Interdits and Pop Aesthetics pretende ser, de nuevo, una banda sonora para un grandioso (s)exploitation film imaginario. Más obsesiones retrofuturistas, B-movie looks, ritmo y desenfreno. Juegos prohibidos, absinthe y castillos en lugares excéntricos. Shagadelic. 27 pistas recopiladas por el visir de la elegant trash E.C. D'Amato y The Borowczyk Consortium. Bestial.

Incluye tracks de Luboš Fišer, Mark Murphy, Nico Fidenco, Abraham and the Metronomes, Chuck Miller, Bruce Haack, The Graham Walker Sound, Brute Force, Collage, Pierre Bachelet, The Stereos, Nino Nardini, Ophélia, Lee Dorsey, Maria Dallas, Bonzo Dog Doo Dah Band, Herschell Gordon Lewis, Bob McFadden & Dor, Jean-Pierre Mirouze, Tobie Columbus, London Underground, Raymond Scott, Bernie Green & His Orchestra, The New Formula, Alfonso Santisteban y The George Mitchell Singers.

Descarga AQUÍ.


* Los tracks posteados aquí­ son utilizados solamente para propósitos de evaluación y sin fines de lucro. El usuario, al bajar el archivo, se compromete a eliminarlo en un plazo no mayor a 24 horas, no nos hacemos responsables del uso que este pueda darle.

12 noviembre 2010

Sensation No. 5.

Acción. Movimiento. Creación.

Guitarras. Raros peinados nuevos. Vamos a bailar y que se joda todo lo demás. Todo.

Somos demasiado siglo XX, chica. Seguimos creyendo en la música de guitarras discordantes. En canciones pop de tres minutos. En discos viejos de plástico negro, tan pequeños que caben en tu bolso. En la velocidad. En que una canción puede decirlo todo gritando. Todo.

Somos tan siglo XX que resulta hasta un poco patético. Vamos por ahí con nuestros flequillos, nuestros jerseys negros, tejanos estrechos, gafas; ahora que enfría una trenka, una parka, un abrigo encontrado en una segunda mano decente. Zapatos bien elegidos. Una canción en la cabeza, en las manos, en la boca. Cantando himnos elusivos, no impuestos.

Hablamos del blues, porque aún lo sentimos cuando duelen la panza y el corazón; hablamos del soul porque no hay otra cosa, body and soul and mind and ass… Hablamos del jazz porque swing, ergo soy; del ritmo, preciso, incesante, mueve-los-pies así; del ruido, primordial, visceral: lo uno y lo plural, el espanto y el placer. Sibaritas del beat. Dandies (entre basura) de la lisergia y las guitarras Rickenbacker y los estribillos y las letras combativas. En mi habitación hay una mayor revolución que en todos sus golpes: en mis discos de plástico negro, los pequeños que caben en tu bolso y los grandes que cargamos bajo el brazo como libros de texto que sí funcionan, armas de la Mind Guerilla; en mis libros, llenos de íconos pop, de nombres, de Andrei Rublevs del XX pero con nombres pop en noruego, en sueco, en japonés, en inglés; de color, de conjuros funcionales, de Allens, de Salingers, de Dharma Bums, de Fischers, de Wolfes, de Artauds, de Rimbauds, de Spiegelmans, de Baileys. De Mel Ramos y Warhol y Keith Rylatt y guías para el viajero intergaláctico y catálogos de discos y libros sobre cine viejo.

Somos muy siglo XX, chica, porque –gracias a Otis– no hemos perdido nuestro sentido del asombro. Y lo mismo nos va el peinado genial de esa chica que cruzó la calle que ese disco encontrado en un bazar; lo mismo ese genial aparador que esa canción que da sentido al día, verso-coro-verso, ese Hammond que siempre entra a tiempo por más que le retemos y esa voz negra, inimitable, eufórica, obra de arte de belleza casi demoníaca que (por suerte) un micrófono recogió. O esa película, blanco y negro, lenta, esas caras esas manos esa boca esas palabras o aquella otra que vivimos ante la gran pantalla, technicolor, frantic, pura felicidad.

Estamos fuera de lugar en este sanatorio, orates que no saben escuchar, majaras que creen tener la razón porque llevan la camisa limpia, imbéciles que ya no tienen tiempo para un buen disco, una taza de té, una canción de Action Painting!, un buen follón. No entienden el Groove. No entienden la maldita adrenalina (o lo que carajos sea) de esa línea de bajo de James Jamerson. No entienden cómo todo puede irse a la mierda cuando canta Syd Barrett, voz quebrada, colocada, glorioso monoaural reventando los parlantes.

Somos muy siglo XX, lo siento, porque aún se nos da llorar. Y lo hacemos, qué putas importa, sólo por ese acorde, sólo por ese concierto, sólo por ese recuerdo; ritmo y blues, ritmo y blues, ritmo y blues. Y tú, toda la noche girando –a veces llorando porque no podías soportar que esa voz fuese tan perfecta, a veces bebiendo de tu escocés ya casi tibio, a veces gritando porque era lo único que se podía hacer– y levantándote por los aires como un balón pateado por Cruyff, como un enceste de Bird, como un home-run de Babe Ruth; y luego buscando abrir la puerta de casa, muy de mañana, el ritmo aún latiendo en la cabeza el corazón las tripas y durmiendo como un piano abandonado, olvidando todo, para despertar y portar (en domingo, claro) ese jersey de rugby –rayado dónde está Wally, rayado prisionero de película muda, rayado de dulce de menta, de equipo de ensueño– y andar por la cocina preparando café y poner a girar ese elepé de Muddy Waters. Porque tienes el blues, el blues, porque anoche se ha acabado y ya no suena Brenda Holloway. Y pones tu cara de Anna Karina triste, los ojos de sapo de Buster Keaton queriéndose salir de puro blues, extrañando la sbornia inmaculada del weekend, las salas de cine vacías, los bazares, las librerías de viejo y gato, las salas ajenas –con tocadiscos– llenas de singles de Motown y de grupos escoceses que cantan sobre teatro y nueva ola, los pretensiosos. Pretensiosos nosotros también, un poco. Un mucho. Qué más da.

Somos los chicos de los discos, los del sábado, the fashion of the outcast, los que aún pegan afiches en sus habitaciones (realmente pequeñas), los corbatos, los polvorientos, La Pinta Completa, los padrinos, los justicieros del ritmo; somos La Vieja Ola, sha la la, el Underground de Mediodía, el último grito, los principiantes absolutos, La Próxima Cosa Grande, los likely lads, eternos teenagers con fiebre, secret agents, Modernistas, héroes.

Chica, ya hablé demasiado. Vamos a bailar. Ésta es la canción.

C/S.


-Esteban Cisneros

*Texto publicado originalmente en El Heraldo de León, viernes 12 de noviembre de 2010.

13 octubre 2010

Fanzine: La Trampa del Bulevar, No. 2.


Cuánto tiempo habíamos esperado para dar la buena noticia. No más ansia. Y al asunto: el nuevo número de La Trampa del Bulevar, en papel, está listo y en las calles. Tercer issue (el primero fue el No. 0) del fanzine que lo vale. En esta ocasión colaboran, además del crew habitual, Javier Morales (Ecos de Sociedad) con un capítulo inédito de la novela En el Sol; Miqui Puig, que escribe sobre zapatos, una obsesión incurable; Dante Soulcialista, que nos advierte People Get Ready; Andrés Baldíos, que recupera la tremenda historia de Sacco y Vanzetti desde su autoexilio en Pepperland; y Eduardo Delgado, con un sentido y rabiosamente personal homenaje a esos good old days llenos de ska y cerveza.

El método para que puedas tener una copia es el mismo de siempre: puedes intercambiarlo por unas cuantas monedas ("could you spare some cutter, me brother?") o por material que consideres interesante: otro fanzine, hoja informativa, revista, cancionero, CD-R, mixtape o memorabilia. Tú dices.

01 octubre 2010

Tenebrae Factae Sunt

Pascal Aubier, realizador francés, comenzó su carrera como asistente en Paris Vu Par, un omnibus film que dirigieron Jean Douchet, Jean Rouch, Jean-Daniel Pollet, Éric Rohmer, Claude Chabrol y Jean-Luc Godard. Con éste último trabajó también en la tremenda Pierrot Le Fou y en Masculin Fémenin. Precisamente en el estreno de esta película en las pantallas francesas fue que hizo su debut Aubier, con un cortometraje, Tenebrae Factae Sunt. Popular de un tiempo a esta parte gracias a la Internet, se trata de 11 minutos de estridente música de Les Ingoes, un oscuro grupo de freakbeat, y un puñado de jóvenes parisinos (¿beatniks? ¿mods? ¿exis?) bailando y fumando. Un bonito documento de los sesenta franceses, fuera del estereotipo ye-yé.

Puede verse haciendo click acá, en la Tofu Magazine.

31 agosto 2010

The Set: Exploding Sound and Noise.


La Trampa del Bulevar presenta
The Set: Exploding Sound and Noise (LTdB 001)

La idea de hacer una recopilación de nuestras obsesiones fonográficas del momento para subir al blog ya rondaba desde sus inicios. Por una o por otra, cuestiones que no se discutirán aquí, no había sucedido. Hasta ahora. The Set: Exploding Sound and Noise pretende ser una banda sonora para un gran filme imaginario: jazz, (un)easy listening, psicodelia, funk, soundtracks, early electronica... Obsesiones retrofuturistas. Moloko plus para noches de vértigo. Música de coctel con ácido: hammonds, moogs, cítaras, artefactos marcianos, guitarras con fuzz. 27 pistas recopiladas por los científicos del ruido S. Godina & The Buio Omega Set, sin desperdicio. Groovy as hell.

Incluye tracks de Akira Ifukube, James Brown, Gabor Szabo, Peter Cook & Dudley Moore, Manfred Hübler & Siegfried Schwab, Raymond Scott, Sunforest, Rhoda Scott, Les Roche Martin, Alan Hawkshaw, Jorge Ben, Cherry Wainer, Les Mogol, Ernestine Anderson, The Marketts, Mike Melvoin, Goblin, Bruce Haack, Anita Kerr, Christiane Legrand, Jean-Claude Vannier, Pugh Rogefeldt, Heidelinde Weis, Silver Apples, Hazy Osterwald Jet Set y The Smart Set.

Descarga AQUÍ.


* Los tracks posteados aquí­ son utilizados solamente para propósitos de evaluación y sin fines de lucro. El usuario, al bajar el archivo, se compromete a eliminarlo en un plazo no mayor a 24 horas, no nos hacemos responsables del uso que este pueda darle.

22 julio 2010

Trans-Europ-Express.

A 50 años de que la Nouvelle Vague francesa apareciese en las pantallas europeas, sigue resultando tan refrescante como entonces. Sus detractores podrán decir que las películas hechas bajo esta filosofía han envejecido, algunas incluso mal, y palidecen ante el ritmo, las temáticas y los efectos visuales del cine actual. Pero eso está lejos de la verdad. Si bien el cine de Truffaut, Resnais, Godard, Rohmer, Rivette o Chabrol es claramente hijo de su época, no quiere decir que su revolución haya pasado. Está claro que Sin aliento o Los 400 Golpes no tienen ya el efecto que a finales de los 50 e inicios de los 60 del XX. Aunque, sin duda, han no sólo envejecido bien, sino mejorado con los años, dando perspectiva a la época, al cine y a la cultura: son, hoy, documentos esenciales para saber cómo es el Hombre y artefactos de culto por lo icónico de su imaginería. Son el epítome del cool de mediados de siglo, la superficialidad total del dandismo más concienzudo.

No es absurdo regresar al cine pasado, sin nostalgia y sí con ojos bien abiertos, para construirnos una realidad hoy. Lo es menos cuando el cine de corporación ha regresado a métodos de hace 50 años para atraer al público, como el popular 3D (está claro que la tecnología de hoy no puede compararse, pero no es el punto de este texto.) Y, además, con narrativas tan novedosas hoy como entonces, hay demasiados filmes sorprendentes aún en videotecas, bibliotecas, videoclubes o en los estantes del padre o el abuelo. No hay tiempo para aburrirse.

Todo esto viene a cuento para poder hablar de Trans-Europ-Express (1966), una pequeña joya, y de Alain Robbe-Grillet, todo un artista. Comencemos con él. Más literato que fílmico, artífice del Nouveau Roman (La Nueva Novela), su fe en lo Kinético en todo sentido era casi una calentura adolescente: el movimiento como fenómeno físico, como metáfora, como política y filosofía eran Lo Único. El sentido de las cosas.

Pero para Robbe-Grillet movimiento no era lo mismo que velocidad - una de las características más fundamentales de la Nouvelle Vague. El movimiento, en sus textos, se lee en su escritura de flujos de conciencia y en la negación de lo viejo, lo muerto. El lector, por supuesto, se convierte en un personaje más, tomando parte en la kinesis desde la primera frase. Incluso su guión fílmico más célebre, El Año Pasado en Marienbad (dirigida por Alain Resnais, 1959) rompe la entonces muy discutida cuarta pared de un modo sutil, exigiendo a la audiencia involucrarse con una historia vaga y un problema sin aparente solución - porque la solución está en la interpretación de un público activo. Robbe-Grillet y Resnais querían retar a un público pasivo que, tras más de 100 años de cinematógrafo, sigue hoy sentándose con actitud de rey arrogante ante una operetta: entreténganme. Arma de dos filos, porque el entretenido puede resultar burlado.

Marienbad sigue siendo un cult film que divide, pero su constante revisitación por fanáticos, críticos, cineastas y artistas no es casual ni gratuita: es una obra gigante de un par de gigantes, los dos Alains - que, por cierto, se contradecían siempre al intentar explicar el film. En la misma liga de película desafiante llegó en 1963 L'Immortelle, ya dirigida por Robbe-Grillet, con personajes sin nombre y un nuevo misterio que queda sin resolverse en pantalla.

El siguiente film de Robbe-Grillet como director fue Trans-Europ-Express. Es, de nuevo, una metapelícula, ahora sí con un look más nuevaolero, mucho vértigo y una arrogancia europea totalmente justificada: era 1966 y la reconstrucción joven del mundo estaba lista. Su poco elegante destrucción muy poco tiempo después no estaba a la vista aún. Trans-Europ-Express es una celebración de las (entonces) nuevas narrativas que habían forjado este nuevo mundo en el que las cosas parecían tomar un rumbo prometedor.

La película comienza a bordo del tren del título. Un director de cine (Robbe-Grillet, por supuesto, haciendo un nada sutil hitchcock cameo), su asistente y su productor están por iniciar un viaje de regreso a casa y charlan. Por un pasillo del tren pasa el actor Jean-Louis Trintignant. Y al director se le ocurre una historia con él de personaje central, historia que comienza a construirse en pantalla. Trintignant se convierte, entonces, en un traficante de droga novato. En su primera prueba de contrabando, se encuentra con varios personajes, entre ellos la hermosa Marie-France Pisier, un enigmático personaje que mete en problemas al anti-héroe, pero también lo salva. Y al revés.

Las situaciones se construyen y destruyen conforme la conversación de Robbe-Grillet avanza. El productor le cuestiona constantemente y la asistente tampoco se resiste a anotar y opinar, por lo que la historia debe ir reconfigurándose cada vez. En un momento las cosas cambian por completo, con Robbe-Grillet tomando el papel de dios caprichoso del niño que juega con sus muñecos y los condena a su voluntad. Todo a bordo del lujoso Trans-Europ-Express: mundos de mundos.

Hay en la película un humor descarado que falta en los productos-Robbe-Grillet, lo que la hace más accesible. Trans-Europ-Express funciona porque es, sumando sus partes, una película de detectives, una comedia, un film noir y también un film que se toma demasiado en serio, intentando reflexionar sobre las ideas en movimiento de un artista, las posibilidades de la narración cinematográfica y, de nuevo, intentando construir una relación activa con el público que se sienta en la oscuridad frente a una pantalla.

Además de todo, es una película que se ve muy bien. Impecable blanco y negro, personajes elegantes, un excelente soundtrack de Michael Fano y mucha velocidad. Tanta que en hora y media de película hemos cruzado media Europa. Un must-see.

15 julio 2010

Crónicas barcelonesas: Los Negativos y Brighton 64, acústicos.

Nuestro hombre en Barcelona, Jorge Corleone, sigue de fiesta en fiesta. Lo bueno es que no nos olvida y nos reporta una de sus más recientes nights-out, un gig de dos de los grupos de su vida - y de la nuestra. Un must-read. El crédito de las fotos va, también, para el Sr. Corleone.

El reporte Corleone: Brighton 64 y Los Negativos en acústico. 3 de julio, 2010.

A mediados de junio, mi colega Oriol me envió un mensaje de texto al móvil que decía “Brighton 64 y Los Negativos en acústico. No es broma”. Me quedé un poco sorprendido. Sabía que Los Negativos (reformados) tocan de vez en cuando en festivales, saraos mods y similares, pero Brighton 64… ¿y en acústico? Comencé a sospechar.

La excusa del evento era la conmemoración de la presentación de los EP's en vinilo de ambos grupos en sus respectivas presentaciones en la sala mítica barcelonesa Studio 54, a mediados de los ochenta. Vamos, que el nombre no es una alarde de originalidad.

No pude salir de dudas hasta el sábado 3 de julio, noche del evento, en el Bar Clandestino, sótano del restaurante Taxidermista - cuyo poco apetitoso nombre se debe a que antiguamente solía ser una tienda de artículos para embalsamar cadáveres. Todo esto en pleno centro de Barcelona. Llegué demasiado pronto, porque sólo estábamos yo y tres colegas. Sólo veo a Ricky Gil y a su hermano Albert. Ni huellas de Tino o Jordi. Más tarde Carles Estrada y Alfredo Calonge, en representación negativa.

Fue difícil evitar una cierta decepción, porque nunca he visto a ninguna de las dos bandas en formato eléctrico, pero algo me dijo que lo viera desde un prisma más relajado y la velada tendría un toque interesante. Mal que mal, estamos hablando de grupos legendarios para la escena mod catalana y española. A cambiar el chip. Además, era gratis.

Pasa el rato y comienza a llegar la gente. El pequeño escenario está dispuesto con dos micrófonos y al fondo, dos platos para que después Yokomar y Rudemod (el mismo Albert Gil en su faceta DJ) pongan en marcha a la concurrencia.

A las 12 y pico comienzan Los Negativos. Alfredo y Carles rasguean los acordes de Cigarras panameñas. Los veteranos de los 80 retroceden mentalmente a su época de peinados estilo paje, camisas de amebas y paramecios (paisley, para que nos entendamos) y un toque de psicodelia que les hizo merecedores del honor de ser una de las pocas bandas que valía la pena escuchar en medio de la vomitiva Movida Madrileña y el pop de sintetizadores. Después se vienen Dandies entre basura, Sacerdotisa de la carne eléctrica, 18 Sábado amarillo y una sorpresa-homenaje a Brighton 64: No volverán. Y eso fue todo.

Desprovistos de los toques de estudio, teclados y otros, Los Negativos suenan densos y casi a cantautor. Pierden bastante. La voz de Carles está en plena forma, pero no pueden evitar el atril con los acordes en plan cancionero y cometer errores notorios, hojas que luego arrojan al público alegremente (yo me quedé con la de 18 Sábado Amarillo, la cual irá remitida a México apenas pueda.) ¿Tanta psicodelia ha afectado sus capacidades? No lo sé, pero se nota un desgaste, sobre todo en Alfredo, a quien tengo el placer de conocer, pero siempre está en la luna. Así y todo, al primer acorde se echaron al público al bolsillo. El discurso de Carles fue en un tono lisérgico al momento de comunicarse con la gente y por tanto, confuso y alocado. Seguramente, los fans de la vieja escuela sabían lo que quería decir. A mí y a otros más jóvenes nos sonó a gurú hippie en ácido.

Ahora toman el escenario los hermanos Gil y la entrada es la característica de sus conciertos, o sea, La Calle 46. Suenan potentes y efectivos sin necesidad de tanta parafernalia, por mucho que Ricky se disculpe al decir que es la primera (y última) vez que tocan en formato acústico, porque no lo dominan. Siguen con Ponte en marcha para mí, Deja de tocar a mi chica, Igual nos da igual y devuelven la mano a Los Negativos con Fotos del ayer. En principio, eso era todo, pero ante el aliento del público, acceden a tocar una más… fusionando a Brighton 64 con Los Negativos (“Somos los Negativos 64”, bromeó Albert) para una versión de In the Midnight Hour en castellano e inglés, cantada por Ricky y Carles, respectivamente y que fue el punto final y a la parte de música en directo. La gente se veía emocionada y eufórica, lo cual se volcó en la pista de baile. Todos contentos.

Es curioso, pero pensé que quizás los chicos de Piknik Caleidoscópico me cautivarían más y sucede que los de La Casa de la Bomba encendieron el Clandestino, en igualdad de condiciones sonoras y eso sin olvidar que la superioridad técnica y de recursos interpretativos de los primeros es notoria. Ganaron los punkies. Al menos, según mi punto de vista. Sonaron espontáneos y se llevaron el premio.

Desde Barcelona,

Jorge Corleone.

12 mayo 2010

Jack The Ripper.

Todo comenzó el seis de agosto de 1888 en Whitechapel, barrio pobre de Londres. Una mujer aparece violentamente asesinada, víctima de un diestro bisturí. El último día de ese mismo mes aparece otra mujer hecha picadillo en las mismas circunstancias. A partir de ese momento reina el pánico en Londres hasta el mes de noviembre, cuando aparece la sexta víctima y Scotland Yard anuncia que, con ayuda de un vidente, ha capturado al asesino: un médico, especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde cuya conveniente doble personalidad no le permitía recordar los asesinatos.

No se ha esclarecido la verdadera identidad del asesino. Hay teorías de que en realidad era un doctor, pero escapó a Argentina donde dedicó el resto de sus días a expiar sus culpas, e incluso se rumora que Jack el Destripador se trataba en realidad del Duque de Clarence, desequilibrado nieto de la mismísima Reina Victoria de Inglaterra. Como sea, esos cuatro meses de terror en Inglaterra han sido alimento de la cultura del horror en historietas, novelas, teatro, cine, televisión y, por supuesto, en la música.

*Jack the Ripper - Screamin' Lord Sutch

Es aquí donde entra un tipo espectacular en todos los sentidos. Poco le importó que sus padres le pusieran David Edward Sutch: tras escuchar a Screamin' Jay Hawkins decidió llamarse Screamin' Lord Sutch, 3rd Earl of Harrow. Fue el primero en convertir un concierto de rock en show del horror (toma eso Alice Cooper.) Iniciaba sus conciertos vestido como Jack el Destripador, saliendo de un enorme ataúd negro. Fue creador de Radio Sutch, una de las radios piratas londinenses, donde pasaban música alternada con Mandy Rice Davies leyendo El Amante de Lady Chatterley. ¿Aún no se convencen de que es un tipo genial? En su tour por Estados Unidos viajaba en un Rolls-Royce desde el que vendía amplificadores Marshall. ¿Más razones? Muy bien: además de todo esto fue activista político y fundó el Official Monster Raving Loony Party.

En 1963, vestido como Jack the Ripper, revive al asesino serial con una canción en la que un vampiro toca las tres notas en la guitarra y las mujeres del coro gritan de terror. La canción producida por Joe Meek es simple pero derrocha la actitud, el concepto maníaco, terrorífico y divertido que Screamin' Lord Sutch representa.

Muchas son las bandas que han incluído a Jack the Ripper en su repertorio, pero hay tres que destacan:

The Fuzztones no solo tienen el mejor cover de la canción (que es parte de su álbum Monster A Go-Go de 1992.) Aparentemente ellos dictaron la manera en que se harían los demás covers al cambiar la base y sustituírla con el tema de Peter Gunn de Henry Mancin
i. Curiosamente la banda tiene un disco con Screamin' Jay Wawkins titulado Screamin' Jay Hawkins and The Fuzztones Live (Midnight Records.)

La versión de The Horrors es digna de mencionarse. En 2006 sacaron el sencillo Sheena is a Parasite en cuyo video la actriz Samantha Morton (Minority Report) se convulsiona y levanta su vestido de donde salen tripas con vida propia que se proyectan a la cámara. El lado B es su versión de Jack the Ripper, que le da sentido a la broma del lado A y suena bastante bien.

White Stripes. La tocan en vivo y de chistosada, pero qué diablos, es buena.

*Otras canciones llamadas "Jack the Ripper"

Jack the Ripper de Link Wray and his Ray Men es un buen viaje de early surf. Un buen guitarreo con la batería que nos recuerda a Wipe Out.

El incomprendido Morrisey tiene también su Jack the Ripper, en la que aparentemente acecha a una chica y sufre mientras lo hace. ¡Qué diablos! La verdad sí me gusta, pero advertencia: hay que estar en el ánimo adecuado.

Nick Cave and The Bad Seeds, Jack The Ripper. Rock alternativo e intenso. Not my cup of tea, pero si quieren ver australianos haciendo incomprensible headbanging, adelante.


LL Cool J:

Milky, and I'm back
My ace in the hole was this brand new track
I'ma slow it up and speed it up and now you're gonna eat it up
Listen to the funky beat, my tongue is gonna beat it up...
Here's what my game is, kill is what my aim is
A washed up rapper needs a washer, my name is--

Jack the Ripper
Jack-Jack-Jack the Ripper
Jack-Jack, Jack-Jack, Jack-Jack, Jack the Ripper


¿Algo más que decir?

Claro que hay más. Se aceptan aportaciones a la lista. La terrorífica historia de Whitechapel sigue inspirando canciones, para bien y otras veces para mal (hay "canciones" terroríficas con el mismo nombre, pero no me atrevo a ponerlas en este blog de buen gusto.) No creo que alguien supere la de Screamin' Lord Sutch en algún momento próximo, pero eso es solo mi opinión. En fin, si hay que encontrarse un Jack... mejor que sea Daniels.


-Don Camisa.

08 mayo 2010

Maravillas del mundo moderno: Death By Chocolate.

Qué dulzura. Una intoxicación a muerte. El chocolate es una droga. Como la música.

Death By Chocolate hace honor a su nombre. Es dulce, dulcísimo, pegadizo, colorido. Una fiesta. Pura buena onda. Death By Chocolate, si estás perdido, es un grupo británico liderado por Angela Faye Tillet, una chica que vive en un universo paralelo, o en otro tiempo, en el que se puede dar la vuelta al mundo en un Bentley Corniche, desayunar con leche y chocolate, tener un guardarropa Mary Quant para cada día de la vida y cualquier problema es resuelto por John Steed y Emma Peel, los Vengadores. Tras ella, seguramente en trajes entallados de colores brillantes o camisas paisley de brillo obsceno, tres desquiciados llamados Jeremy Butler, John Austin y Matty Green tocan instrumentos viejos, instrumentos de juguete y guitarras con pedales wah-wah (estrictamente Vox.)

Angie Tillet (Canterbury, Kent, 1981), además, está obsesionada con la Ole Britannia de mediados de los 60. Pero no con el Sargento Pimienta. Sino con Dudley Moore y Peter Cook, los autos Bentley, los botines Chelsea, El Prisionero, las novelas de Leslie Charteris, la psicodelia de chicle bomba (mira a Emily jugar) y el Ready Steady Go. Desde su proyecto anterior a DBC, Lollipop Train, ya nos había bombardeado con una música tan dulce, tan poco mala leche, como el terrón de azúcar para el té de las 5. Y, claro, con referencias a las cosas que le gustan –las cosas que le importan, mejor dicho– como series añejas de fido (Los Vengadores), sus películas favoritas (Midnight Cowboy) y la música con la que creció (hay una notable versión de Lollipop Train a The Porpoise Song de la etapa más desquiciada de los Monkees o su exclamación en Teenage Trifle, “Country & Western… ugggh!”.) Todo esto, claro, con un sonido bubblegum no apto para garruletes de fin de semana: órganos, guitarras vintage, teclados de juguete, xilófonos, panderetas, en un embrollo casi infantil con una voz muy twee que a veces canta y, las más, recita con la convicción del niño callado de la clase que tiene la oportunidad de su vida de patear el trasero del bully de turno.

Pero la mente maestra detrás de DBC es el productor Mike Alway, quien seguramente tiene su propia religión entre fanáticos del bubblegum y del twee, fundador en los 80 de, nada más, Cherry Red Records, Blanco y Negro y de El Records, todos sellos de culto entre los entendidos de la música feliz, pero sardónica. Su filosofía, reemplazar el dinero con imaginación. Esto es The Real Indie, ingenuos.

Las primeras demos de DBC aparecieron en una recopilación, Songs for the Jet Set, Vol. 3, de Siesta Records. Un éxito. El primer disco, homónimo, salió en 2001. Más que una colección de canciones, es una de viñetas de imaginación desbordada: aquí un pequeño poema, así que callad sus guitarras, chicos, dejad oir; acá un jazz instrumental que bien podría ser el soundtrack de una escena de Bedazzled. Hay sensacionales versiones como esa a Magpie, tema principal de una serie infantil de ITV o la completa re-hechura de My Friend Jack, ese clásico subterráneo de los geniales The Smoke; también está allí el homenaje a Cooke & Moore, L.S. Bumble Bee, un clásico de la comedia británica y If You Want To Sing Out, el himno que el Cat Stevens pre-Islam escribió para Harold and Maude (1971), esa gran película de culto de Hal Ashby.

Ahí está, también, el surrealismo a lo Dalí, el misterio de una película de agentes y el vértigo de una caper movie. Ahí están la Novicia Voladora y los poemas infantiles, la puerta abierta a la tierra del chocolate de Willy Wonka, pero también la tableta de ácido con figuras caleidoscópicas y una perversa mezcla de lo perturbador de los malos viajes de Lewis Carroll y la pop aesthetics de Alex y sus drugos.

El segundo LP, Zap The World, de 2002, es una secuela desinhibida e igual de dulce. La canción titular es una versión del tema de la villanita de la serie infantil H. R. Pufnstuf; los recitales de poesía absurda continúan, lo mismo que los homenajes a Lo Que Hace Que Todo Valga La Pena, como las bebidas de viernes por la noche (Bibi Gin, si no, nada), el cereal de la mañana de sábado (tiene que ser Cinnamon Grahams), los pedales Vox (¡hacen que tu guitarra suena como cítara!) Pura vida. Ahí está de nuevo John Steed con su bowling hat salvando el día, los patrones op art de Bridget Riley, la fascinación sixties por Todo Lo Hindú y, claro, canciones nostálgicas del Swinging London, incluida una versión de While I’m Still Young, de la cinta Smashing Time (1967) con Rita Tunshingham y Lynn Redgrave, un chick flick esencial. Ahí están los ecos de The Electric Prunes, del bossanova de lounge, del jazz sofisticado de fiesta de coctel, puro color. La cosa es francamente quite quite fantastic, más si se acompaña con un Martini, un frasco lleno de lunetas de chocolate, una buena alfombra, un buen equipo de sonido (hi-fi aficionados) y, de ser posible, buena compañía.

Hasta hoy, DBC sólo tiene esas dos placas. Son suficientes. Consíguete el plato de plástico, ponlo en la tornamesa y gíralo. A splendid time is guaranteed for all.



-Esteban Cisneros

*Texto publicado originalmente en El Heraldo de León, viernes 7 de mayo de 2010.

02 mayo 2010

GrooBeats Soundsystem DJ Session, este viernes.


Ahí nos vemos.
Los organizadores y GrooBeats SoundSystem anuncian que el SÁBADO 8 DE MAYO DE 2010 habrá una segunda DJ Session, en el mismo lugar, Phanté Campestre, a partir de las 10 de la noche.

25 abril 2010

Y nos vimos majos en la pista de baile.

Ulises Guzmán, uno de los más añejos amigos y colaboradores de La Trampa del Bulevar, debuta en este blog con esta reseña del gig de Arctic Monkeys en Guadalajara (22/04/2010.) Después de varios amagos de colaboración, se logra por fin y ojalá que sea la primera de muchas. Compañero en los happenings, obsesivo del cine 80's, gig-goer disciplinado y aficionado de la música de guitarras, tiene un blog propio en The Crazes & The Fads.


El debut de Arctic Monkeys en México no fue afortunado. La noche del miércoles las redes sociales estaban colmadas de rumor, desazón, paranoia, declaraciones justas y otras apresuradas. En fin, el concierto que ofrecieron el 21 de abril (del presente 2010) en la ciudad de México fue mínimo y fracasado; y lo más importante, nos puso en jaque a quienes asistiríamos al concierto del día siguiente en Guadalajara.

Hoy es viernes y, suspiro, todo salió bien. Ache Producciones no quiso repetir la vergonzosa cadena de eventos desafortunados de la noche anterior y en Guadalajara realizaron un trabajo casi competente. Salvo la descomunal espera de 100 minutos en fila para ingresar al Foro Alterno, lo demás funcionó bastante bien. Claro, fue extraño e incomprensible el proceso de acceso al venue; separación de machos, hembras y menores, filas que caracoleaban de forma inexplicable y avanzaban caprichosamente, cual campo de concentración. A las 20:40 horas por fin mi grupo de amigos y yo estábamos dentro y camino a instalarnos estratégicamente lo más cerca posible del escenario.

Justo a las 2100, abordó el escenario Sleepy Sun. Indeed they are, dears! Me aburrieron. Pero ya sabía que sería así. Sleepy Sun es una banda de San Francisco que mamó la tradición de su ciudad. Entonces, hacen un bluesie infused psych rock que obviamente está influenciado e inflamado por los Greitfulded y Yanis y todas esas cosas que detesto, y que Rocky Erickson podría aplastar con su esquizofrénico meñique. Pero no malentiendan mi pontificado antijipi; Sleepy Sun es una banda buena en lo que hacen, incluso tengo su disco y me parece tan bien producido como somnífero, pero justo eso podría ser tu taza de té. No me tomé el tiempo de observar la reacción del público ante su presentación, pero sé que la impaciencia por ver a Arctic Monkeys fue más grande que la grata sorpresa por descubrir a una nueva banda.

Y tras casi media hora de preparativos aparecieron, rebautizados por la pubescente audiencia, Los Artic. Algo que aprecio en ellos es su flema. Odio, odio, odio el pan y circo de las bandas que pretenden simpatizar con el indulgente público mejicano emblasonándose con un sombrero mariacho; si te envuelves en una bandera mejicana, termina el acto y haz la juanescutia, sí, te hablo a ti Matt Bellamy (amo a Muse). Pero los Arctic Monkeys no se andan con tonterías, hablan poco, respetuosa y agradecidamente y a darle a las canciones.

El concierto inició con la creciente Dance Little Liar y siguió casi sin pausa con Brianstorm y This House Is A Circus, que juntas forman una trilogía representativa del heavyness que la banda adoptó en su segunda etapa. Y con eso los ánimos del público ya estaban arrancados y comenzaba la batalla del mosh pit. El primer momento hímnico vino con el cuarto tema, Still Take You Home, gran timing para un hit como ese. El sonido estuvo bastante bien, con algún tropezón ocasional; como que El Inge de repente no le seguía la pista al recital, pero en la mayoría de los casos se corrigieron los volúmenes bajos, saturaciones, empalmes y desfases de forma oportuna, aún así, me pareció raro para una banda de este calibre, más porque Sleepy Sun tuvo un sonido impecable durante todo su set.

Luego tocaron la canción que fui a escuchar, Red Right Hand, original de Nick Cave & the Bad Seeds (del álbum Let Love In) y que los Monkeys versionaron como bonus track para la edición japonesa de Humbug. Fue grandiosa, hasta que sonó algo raro y se detuvieron a manera de final en falso y tras poco más de un minuto la retomaron con el coro-cierre de la misma. Aún trastabillada la amé.

Luego de eso vino la sección más intensa del gig con una cadena de sencillos de su tercer y primer álbum: My Propeller, Crying Lightning (posiblemente su mejor canción desde When The Sun Goes Down), I Bet You Look Good On The Dancefloor y The View From The Afternoon. Son algunos de sus mejores y más conocidos temas, y obviamente fueron facemelters, y en este punto realmente me sorprendió la prudencia y buen tino de la banda para medir a su público, pues tras 15 minutos de frenesí, arrojaron las calmadas para que el público se relajara. Y el respiro que dieron Fire and the Thud y Cornerstone fue realmente apreciado por la sudorosa concurrencia.

Luego del descanso retomaron el poggoing y el headbanging tocando If You Were There Beware, Do Me A Favour y Pretty Visitors y remataron con When The Sun Goes Down, que como ya mencioné, me parece su mejor canción y fue en definitiva el punto álgido del concierto. Tocaron también por allí una canción llamada Joining The Dots que no conocía, ni me gustó mucho; no sé si fue un cover o un tema poco conocido de la banda, pues mis compañeros de mosh pit tampoco tuvieron reacción ante ella. Y cerraron el set con otra canción que no conozco, al menos en inicio, porque a esta le insertaron algunas partes de Balaclava y así fue como terminó.

Desde luego hubo encore tras algunos oligofrénicos coros del público; de verdad, todo México debería tomar un curso intensivo sobre himnos y cánticos de concierto. El encore fue Fluorescent Adolescent que pareció complacer a todos, y a la que también le injertaron un segmento de otra canción que no logré reconocer. Y el cierre definitivo fue 505, una gran canción sin duda, pero tenían por allí algunas otras que me hubiera gustado escuchar más como final.

Si algún acérrimo fanático de Los Arptic lee este texto, por favor no se molesten si faltaron algunas canciones o si el orden está errado; escribí recurriendo a mi memoria que no está en su mejor forma, y seguramente sufre por deficiencia de potasio. Los convido entonces, a que, de ser el caso, dejen sus acotaciones y aclaraciones como comentarios.

Resumiendo, fue un muy buen concierto, muy atinado, largo, intenso y variado. Tanto la banda como el público parecieron disfrutarlo y afortunadamente terminó sin shows vergonzosos ni caudillismo exagerado. Aún así, me quedé con las ganas de escuchar Secret Door, The Jeweller's Hands, Chun Li's Spinning Bird Kick, Fake Tales Of San Francisco, Mardy Bum, A Certain Romance, Red Lights Indicates Doors Are Secured, Perhaps Vampires Is A Bit Strong But..., Cigarrette Smoker Fiona y, sobre todo, su cover de Put Your Dukes Up, John. Bueno, creo que lo que yo realmente deseaba era un concierto enfocado en su primer álbum. Como sea, me divertí bastante.

¿Son los Arctic Monkeys una gran banda? Sin duda, aunque no tanto como la NME intentó hacernos creer. Hasta ahora han creado un álbum grandioso (Whatever...), otro estupendo (Humbug) y otro, francamente, mediocre (Favourite...). Cuando el britpop murió, quedó un hueco en la música británica que por vergüenza o desencanto nadie se atrevió a llenar hasta que The Libertines asieron su britishness y reinventaron la zeitgeist de la música inglesa, pero, destinados a morir pronto, dejaron el hueco nuevamente, para ser llenado esta vez con los Arctic Monkeys en sus dicharacheros inicios.

Sí, en 2006 Inglaterra necesitaba a una banda que les representara, y los Arctics lo lograron, pues rescataron la esencia de las glorias británicas de la década anterior, esta vez con menos romanticismo y con la aspereza urbana que dejó la crisis finisecular. Pero hoy los Monkeys son animales diferentes. Creo que ya no pretenden llenar ningún hueco, de hecho han creado un sonido característico, propio de esta época (sea eso bueno o malo) pero único dentro del amorfo estado del arte del rock actual. ¿Han madurado? Es muy pronto para decir eso. ¿Son mejores que al principio? Son distintos, menos ingenuos, pero también menos frescos y realmente yo prefiero sus primeras canciones. Sin embargo, siguen siendo una gran banda que aún cambiará. Les pronostico un futuro más cercano al hard rock en forma, que a su pasado punkish o que a sus compañeros generacionales atrapados en el limbo de las etiquetas.

El de anoche, un buen concierto lleno de juventud con una banda que paradójicamente fue primero brillante y ahora es prometedora. Los Arctic Monkeys llegaron a eso escuchando los discos adecuados, y tengo la esperanza de que su público pueda aprender de ellos en pos de que dentro de una década haya menos estupidez musical en general. Es mucho pedir, pero un gig tan atinado como el de anoche y un par de discos definitivamente adecuados, me hacen ver que el camino correcto podría no estar tan lejos.

-Ulises Guzmán.

19 abril 2010

Sinfonías de vértigo.

Por varios motivos, la música clásica ha adquirido una fama de solemnidad, seriedad y pomposidad que le han quitado el favor popular. En parte, ella misma se lo ha ganado. En parte, es pura incomprensión.

No voy a decir que soy un experto en música clásica. Definitivamente el Pop, con mayúscula, atrapa mucho más fácil a cualquier sobreviviente del siglo XX ya bien entrado el XXI (y cuando digo Pop hablo de la Música Que Importa, apócope de popular, la música del ritmo, de la inmediatez, del peligro y no de la Gran Basura que the media llama pop, con minúscula.) Pero como musicómano no puede pasarse por alto.

En la cultura masiva del siglo pasado hay varios momentos álgidos para la música clásica, sobre todo en el cine. Pero hay dos esenciales que hay que comentar.

El primero llegó en los años 50 gracias a la sobre-desarrollada imaginación de Michael Maltese y al indiscutible genio de Chuck Jones, uno guionista, el otro uno de los grandes caricaturistas y animadores de todos los tiempos. Juntos, y gracias al trabajo de un impresionante equipo de animación (el trabajo más arduo desde las pirámides) crearon hilarantes historias de apenas unos minutos, protagonizadas por los más desternillantes personajes marca Looney Tunes, enmarcadas en algunos de los más grandes pasajes de la música clásica. Fue un momento definitorio para eliminar la solemnidad que se le atribuía a esta música.

El conejo de Sevilla de 1950, que satirizaba sin piedad y con un montón de alma y de cerebro la célebre ópera de Gioacchino Rossini (basada, a su vez, en la comedia El barbero de Sevilla de Pierre-Augustin de Beaumarchais) fue un éxito total. Protagonizada por el corrosivo Bugs Bunny y ese pelmazo calvo llamado Elmer Fudd, la animación define Lo Clásico en cada una de sus acciones. El conejo hace de las suyas no sólo destrozando cualquier concepción ortodoxa sobre la ópera sino cantando con una horrenda y aguda voz. Puro genio.

Otro gran éxito fue What’s Opera, Doc? de 1957, una nueva caricatura animada que se decantaba por el humor involuntario de las dramáticas óperas de Richard Wagner. De nuevo son el conejo y el pelmazo los protagonistas de unas bucólicas cabriolas que se salen de graciosas. No fueron estas las únicas caricaturas que utilizaron música clásica para lograr efectos humorísticos, claro está. No hay nada más fácil de satirizar que las cosas intrínsecamente serias. Pero sí fueron, posiblemente, las que tuvieron un efecto mucho más extenso y una influencia más profunda.

El segundo momento álgido llegó gracias a otra desbordada imaginación y a una lente maestra. En 1971, Stanley Kubrick estrenó su versión Gran Pantalla de la novela futurista y ultraviolenta de Anthony Burgess, La Naranja Mecánica. El personaje principal, el antes ícono subcultural y ahora archiconocido Alexander DeLarge, estaba obsesionado con el crimen y con Ludwig Van Beethoven, en especial con su Sinfonía Coral, la muy manoseada Novena – una desesperada obra maestra que ha sobrevivido a la sobreexposición, la banalización y a las adaptaciones más cursis y sinsentido.

Además de utilizar las versiones ortodoxas de grabaciones de la legendaria casa de grabaciones alemana Deutsche Grammofon, Kubrick encargó al músico de vanguardia Walter Carlos (luego conocido como Wendy Carlos tras una operación de cambio de sexo) una adaptación electrónica de la sinfonía de Beethoven. Carlos, uno de los pioneros del Moog, un primitivo pero espectacular (y aún vigente) sintetizador analógico, ya había realizado grabaciones electrónicas con música de Bach. El resultado fue tremendo.

El detalle maestro es que esta música suena mucho más peligrosa y extrema que nunca, haciendo perfecto juego con el look modernista del film. Kubrick ya había llevado la música clásica a otro límite en 2001: Odisea del espacio, haciendo que el universo bailase un meloso vals de Strauss y haciéndolo ver cool. Decididamente no era la primera vez que alguien usaba música clásica en una película; mucho menos el último. Pero pocas combinaciones música/celuloide han resultado tan icónicas. De algún modo, La Naranja Mecánica restableció a la música clásica en el lugar que merecía en la cultura.


-Esteban Cisneros

*Texto publicado originalmente en El Heraldo de León, viernes 17 de febrero de 2010.

05 abril 2010

Lo que vendrá.


El mundo sigue moviéndose y no perdemos el ritmo...

No hay tiempo para parpadear, ni descansar. Hay demasiado que escuchar, ver y leer. ¿No? Pop, girls, etc.

El cartero se ha estado portando bien en estos días. Primero que nada, hace un par de semanas trajo el Groovesville USA de Keith Rylatt, un libro que ya hacía un tiempo considerable que esperábamos y que se reseñará por acá, por supuesto. Luego, desde las Islas Canarias llegó un paquete de parte de Ecos de Sociedad, con una pequeña revista, discos, cintas y montones de increíbles detalles de parte de Javier Morales; y con ellos siempre llegan las ideas, los artículos y las canciones.

En cuanto a La Trampa del Bulevar en papel, ya se manufactura, lenta y dedicadamente como siempre, el No. 2. ¿Alguien le entra?

Los Padrinos!, por cierto, han estado trabajando en canciones nuevas que ojalá podamos estrenar en este blog. No dejan de ser unos inestables y de ser sombras esporádicas que, sin embargo, siempre construyen buenas fiestas a base de ruidajo y ritmo, pero todo indica que ya algo sucederá y que podremos escuchar nuevas grabaciones pronto.

Seguiremos subiendo uno que otro artículo de los que viernes a viernes aparecen en El Heraldo de León y abiertos a cualquier colaboración.

Del dicho al hecho... ya estamos en eso. Siempre más. Esa es la medida.

17 marzo 2010

Alex Chilton (1950-2010)

Ha muerto Alex Chilton.

Nacido en Memphis, Tennessee, fue un amante de toda la música desde pequeño, ya que su padre era un músico de jazz. Formó parte, en su adolescencia a mediados de los 60, de los Box Tops gracias a su fantástica voz y su desgañitado look. Tremendos. La banda murió con la década y Chilton se unió a Big Star, depurando su estilo de cantar, perfeccionando su técnica con la guitarra y uniéndose a otro monstruo, Chris Bell, en la composición de canciones gigantescas. #1 Record (1972) fue su primer disco, pero con Radio City (1974) dejó para la posteridad un álbum clásico e influyente en todos los sentidos.

Tras una accidentada grabación, Third salió hasta 1978, cuando ya no existía Big Star y Chilton se dedicaba a otros proyectos. Eso sí, nunca dejó de hacer música y de lanzar grandiosos artefactos que deberían estar en cualquier colección que se precie. Produjo a los Cramps, influyó a montones de grupos y lo pasó siempre haciendo música, lo que quería hacer desde que era un jovenzuelo que admiraba a Elvis.

Nunca abandonó los escenarios. Murió el día de hoy, 17 de marzo, en Nueva Orleans y justamente este fin de semana tenía programado un gig en Austin. No se han confirmado las causas de su muerte.












En 1987, los Replacements le hicieron este homenaje, por cierto...